Conozco a alguien que predice el fin de la energía porque al producirla, que otros lo llaman ordenarla, se gasta más de lo que se produce, ya se sabe que cuesta más producir 1 watio de electricidad que gastarlo. Y si se quema, se gasta, se va perdiendo el final está claro: Cánticos de la lejana Tierra de Arthur C. Clarke, 1986 que como estoy de mudanza, otra #STOPdesahucios que estreno antes de colgar el se vende porque con las #STOPdesahucios se va perdiendo pero menos, igual que tarde o temprano tendrán que mudarse de planeta los que nos seguirán, al menos el consuelo de que va para largo eso de tener que pirárselas del planeta por haber agotado la energía en producirla u ordenarla para quemarla, se disculpa de paso cansino por el peso de tanto libro de oposiciones fracasás la falta de bibliografía por la mudanza, pero donde sigue se trata de El mundo es uno, esta vez un reportaje del sin embargo novelista de ciencia ficción Clarke, 1992 desde la instalación del telégrafo a través del Océano Atlántico desde 1858 hasta los satélites geoestacionarios que descubrió el propio Clarke al final de su participación como telegrafista en la Segunda Guerra Mundial, lo cuenta en "Cómo perdí 1.000.000.000 $" que pudieron empezar a ponerse en órbita en los años 60´s del siglo XX. La órbita geoestacionaria, en su momento tan difícil de calcular como el índice de masa corporal 18 % en edades en pleno crecimiento es la que ancla por efecto de la gravedad del planeta los satélites en órbita en el punto equidistante de forma que acompañan por encima el giro del territorio en el que interesa tenerlos, simplemente se sacan de la atmósfera con un cohete potente y luego se situan en la órbita que se precisan tener, a 42.000 kilómetros por encima de las cabezas de las y los espectadores informaos al instante de cuanto interesa a los putos amos del momento. La propia palabra geoestacionario lo dice, aparcamiento en la Tierra, pero por encima que ahí también exiliábamos a algunos presentadores socráticos, actores protagonistas, actrices no, a ninguna y deportistas de selección con poca o ninguna garra en la competición de una buena patada en el trasero, buena de verdad tenías que ser, lástima que también sea un espacio saturado como los temas franquistas en las televisiones, que de un tiempo a esta parte es más difícil conseguir que no se choquen o se dañen con los tornillos sueltos los geoestacionados que ponerlos en la órbita descubierta por Clarke en 1945 para lo que llamó "Relés extraterrestres". Lean a Clarke, es un genio como pocos, si no fuera tan rematadamente bueno ya le habrían dado más premios que el ayuntamiento de Madrid al Samur. La comunicación es el acto que compartimos con las abejas, Apis mellifica, los primeros animales domesticados por los Homo sapiens, nuestra dulce relación se pierde en el origen de los tiempos, los cuervos y otras aves, los gibones, especie de monos, que sepamos también se comunican. Como no podía ser menos los Homo sapiens pensamos que nuestra comunicación es la mejor y más elaborada y más aún que podría serlo, pues entre otras cosas nos permite reflexionar sobre el propio acto de la comunicación y tratar de describirlo e incluso hasta lo conseguen algunos. A diferencia de la energía que se agota, la comunicación se reproduce igual que esos padres, abuelos, hijos, tíos, sobrinos, nietos entre sí pero todos cantantes o toreros que presumen de no tener estudios y de no haber necesitao estudiar para haber llegado a ser lo que son. Algunos van más allá y declaran no haber leído nunca ni 1 libro, lo más de lo más, bueno, lo menos de lo menos. Y triunfan, claro, cuentan chistes para consuelo de tantos los más espabilaos o dan grititos y saltitos infantiloides y ya se sabe que tenemos que reir sus gracietas por obligación como también nos las han debido reir a cada 1 de nos cuando hemos sido inmaduros, si es que no lo seguimos siendo siempre. Si ha llegado leyendo hasta aquí acuérdese de su mejor chiste para cuando comente lo que está leyendo en las barras de los bares, redundancia al canto y a la salida de las fábricas antes de que las destruyan para levantar #STOPdesahucios que junto con los chistes es lo que más dinero da y no los inventos, que se lo digan a Clarke. La risa, más variada aún que las entonaciones personales que hacemos los 400.000.000 hablantes de la lengua castellana es uno de nuestros principales descubrimientos, pero claro, más principal que las risotadas por muchas tipologías que tengan es el lenguaje o capacidad de comunicarnos utilizando lenguas, unos 6.000 códigos compartidos que nos permiten hablar expulsando aire por los pulmones y poniendo o no ostáculos en su salida por la boca y la nariz, un acto eminentemente oral del que se hacen traducciones como la escritura, la más inmediata, a otras lenguas y en imágenes cerebrales o representaciones de los propios objetos que se citan en el acto comunicativo. Hablar es tan infinitamente fácil para los Homo sapiens como derrochar 1 watio de electricidad, pero entender qué es exáctamente el habla debe ser el colmo pero nadie se preocupe, ni lo voy a intentar. Bueno, pues sí, que he sido multiopositor: es la plasmación concreta de 1 lengua, se supone que la misma que la del auditorio, que hacemos en cada momento cada 1 de los hablantes. Ya digo, inagotable la húmeda, que si se permiten preguntas y ¡muerte a Sócrates! nos eternizamos. Que no cunda el pánico, aquí no llegan los tientaculos de sus secretarias de la dama de hojalata ni sus voceras por el manos libres, rompa la pantalla de su ordenador si quiere o el libro ese tocho que le han hecho hacer, para lo que se pierde. El origen del lenguaje lo podemos observar en el primer estirón de las niñas y los niños, primero el sex o género, es decir, si somos niños o niñas para ellos con 1 añito, luego la cantidad, singular o plural, 1 ó más con 2 junto con la concordancia, primeras nociones de sintaxis ¡oh mundo cruel! o relaciones entre las diferentes palabras de las oraciones, tarde o temprano llegarán al complemento agente, cuántas conversaciones encendidas sobre el complemento agente se han visto en los bares en plenas retransmisiones deportivas por televisión, pues sí, se irán o nos iremos perdiendo irremisiblemente por las ramas como el pelo que se cae de forma que con frecuencia hablamos para no decir nada, un mecanismo defensivo que dicen, si podemos encima de las palabras de las otras y los otros creando interferencias. Parece más rápido y en realidad es más hueco, el ruido también conocido como interferencia o superposición de ondas en la misma frecuencia es lo que destruye la comunicación, pero de eso se trata. En su origen inicial del todo, que tuvo que tener un principio, nuestros antepasados señalaban sus recorridos con gritos o sonidos distintivos imitados del gorjeo de los niños, del canto de los pájaros o de los ruidos de otros animales, onomatopeyas, con los que marcaban lugares de paso y de marcar lugares de paso podían marcar caminos, recorridos o senderos en una especie de canto de ciego, pues el referente no estaba ni está necesariamente delante, mínimamente comprensible por los oyentes, un árbol, una piedra, otro árbol, un arroyo y un cazadero o terraza sobre el arroyo, ir vosotros que a mí se me ha roto la lanza y me voy al Rastro a por otra, por ejemplo. La escritura, otro fenómeno comunicativo de origen incierto, difícilmente tendrá más de 10.000 años de Antigüedad, es la plasmación del deseo o la necesidad de los Homo sapiens de fijar, conservar o guardar los actos de comunicación, en principio los más celebrados o valiosos, luego parece que todos, como los pinos resineros y los eucaliptus en principio plantados para producir resina muy utilizada en las construcciones de barcos y casas de madera o pasta de papel para libros y periódicos, luego abandonaos, aunque no los árboles productores, tan útiles nos resultan para que nidifiquen las aves protegidas, que por debajo de los pinos y eucaliptus por crecer no crece ni la hierba y además con los detritus a ellos asociaos y los que se les asocian como parásitos, con poco que se los abandone son impenetrables como selvas, mejor pocas neuronas, las suficientes para contar bien los chistes, ya se sabe, ríanse si no entienden lo que se habla para quedar bien, la imagen lo más importante, griten como las y los niños tiernos, aplaudan como las focas pidiendo comida, muevan la cabeza de arriba a abajo, sobre todo si los sacan por la tele, que ahí seleccionanan a lo mejorcito de nuestra familia y especie, únicas por otro lado o si no que entrevisten a los gibones, especie de monos o a los cuervos, bueno, a los cuervos no que se van a otra cadena. Cuando nos enseñaban fotografía nos hacían creer que las fotos que nos tenían que gustar las hacían las cámaras, los objetivos, los filtros, los flases, los más caros. Cuando nos enseñan informática nos hacen creer que la rapidez al teclado y la agilidad mental para guiar su paso veloz la proporcionan los compiuters irreductibles a las traducciones en lengua castellana. Cuando aprendemos programación aparecen unos inmaduros que declaran que el lastre del sector es el intrusismo pero no respecto de qué o de quién. Están los discursos huecos, vacíos y la risa en todas sus formas como recursos de la comunicación, como los accesorios también conocidos como periféricos de los Personal computer pero mucho mejor la elipsis, lo que se da por entendido de sobras y no se dice porque se supone en el contexto, pruébese en uno de esos momentazos de risotadas neviosas resultado de turnos de palabras superpuestas interferidas entre ellas o de lo que sea, quedarse inmóvil, congelado, si hay un hilillo de un cabo suelto de algo sobre lo que se habían cruzado 2 ó 3 oraciones con sentido, con significado pues se saca otra, hala, pues 4 ó 5 ó las que hagan falta y al final 2 sonoras carcajadas.